Otro atardecer

 

 

 

 

 

Mediados de diciembre, un sábado. El cielo nos regaló esta increíble estampa. Solo está tocado el contraste local y el enfoque, y un poquito el contraste. Pero  básicamente esto es lo que vi, uno de los atardeceres más rojos que he visto en mi vida. Esa tarde, incluso mis poco artísticos vecinos estaban todos mirando el cielo, asombrados por la estampa que nos ofrecía.

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Atardecer

Atardecer desde mi casa

Atardecer desde mi casa

Sí, ya sé que estos atardeceres tan rojizos son casi un tópico, pero qué queréis que os diga, a mi me encantan. Como fotógrafo y como persona viva con ojos.

Ratoncito de las Fragas

Ratoncito fraguensis

Las Fragas, vistas desde dentro

Durante más de dos años intenté infructuosamente captar una imagen como esta. Era imposible, por una pura cuestión técnica. Ni los sensores ni el software de revelado eran capaces. Se podía intentar captar algo así con una doble toma y hacer un HDR, pero nunca me quedó natural, ni los tonos eran los que yo había visto ni la nitidez era la adecuada (el viento causaba fantasmas en las hojas y los tallos finos)

Ahora por fin he podido hacerlo, en una zona de difícil acceso donde la primavera ha llegado con algo de anticipación (esta toma en otros lugares no es posible hasta dentro de un par de semanas). No es una representación fiel de lo que se vive allí, pero es lo más aproximado que puedo trasmitiros.

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Y cuando digo que el software de procesado era importante, lo digo en serio. Este es el JPEG directo de la cámara de esa misma fotografía. Como podéis ver no hay punto de comparación (últimamente tiro en RAW+JPEG para ver si me puedo ahorrar el procesado, pero me temo que todavía no):

original

A pesar de lo que pueda parecer, lo más relevante del procesado no es la saturación de colores, de hecho creo recordar que no saturé nada. Lo importante fue jugar con la exposición, luz de relleno, brillo y contraste de la foto, así como tocar nitidez y acutancia. Todo ello no para falsear la realidad, sino para acercarla a lo que yo vi en ese momento que fue algo mucho más parecido a la foto procesada (con más luz en general, pero tuve que dejarla un tris oscura para tratar de mantener una diferencia apreciable entre luces y sombras)

Las Fragas, un año después del gran incendio

Estos días, y para mi enorme cabreo, los medios de comunicación y las instituciones públicas están diciendo que mis maravillosas Fragas del Eume están totalmente recuperadas del incendio que las asoló. Interpreto que los medios por pura ignorancia, y las instituciones por sacarse el muerto de encima.

Mi realidad, la que veo, es que eso es absolutamente falso. Las Fragas del Eume resultaron profundamente dañadas en su mismo corazón, y el daño ha sido tan profundo que veremos si alguna vez recuperan su antiguo esplendor.

Para irnos situando, este es el mapa oficial de las Fragas del Eume:

fragas_eume

Es una extensión enorme. Ahora bien, es un mapa un tanto tramposo porque la zona realmente mágica, la que da a las fragas su carácter único, es la zona que está entre el embalse y el monasterio de Caaveiro. Toda la zona del embalse, que por extensión es la mayor parte del Parque, es muy tramposa. Al norte del embalse no hay prácticamente un solo bosque de valor ecológico, todo son eucaliptales y pinares. En mis recorridos por allí la decepción fue enorme. El en lado sur hay algunas fragas aisladas  al borde mismo del embalse, pero pocas y aisladas, y representan una mínima parte de toda esa superficie que se aprecia, el resto son tierras de labranza y los eternos pinares y eucaliptales.

El corazón de las fragas empieza prácticamente donde está la presa al final del embalase y comienza con su gran Cañón y llega hasta una central hidroeléctrica bastante más abajo. Desde allí y hasta un poco después del monasterio de Caaveiro es donde se extiende lo mejor de las Fragas, con unas laderas sumamente empinadas y con caducifolias (roble, castaño…) y un bosque bajo enormemente rico y vistoso (helechos, musgo) que tiene especies vegetales y animales únicas, y que tiene ese aspecto de selva tropical que mantiene durante casi todo el año.

Un poco después de Caaveiro, ya tan solo queda una mínima franja de fraga a lo largo del río, quedando ya las laderas ocupadas de nuevo por grandes eucaliptales. Todo sigue siendo Parque natural, pero solo esa parte, entre la presa y un poco más allá del monasterio, es lo que da realmente sentido a las Fragas.

Pues bien, en la ladera norte de la presa se encuentra el alto de Fontardión y allí se originó el fuego. Debido a que el viento ese día era nordeste y bastante fuerte, el fuego se propagó en dirección suroeste. Y el resultado fue algo parecido a esto:

fragas_eume_quemadas

Sí, como las autoridades dicen, solo afectó a una pequeña parte del Parque Natural, ahora bien, si os fijáis, afectó a lo que acabo de definir como el verdadero corazón del parque, precisamente esa zona entre la presa y el Monasterio de Caaveiro. En la ladera norte el fuego terminó en Caaveiro, apenas a unas decenas de metros del monasterio, en la ladera sur fue un poco más allá. El corazón mismo del parque fue atacado, lo más sagrado, el lugar de la vegetación selvática y las especies endémicas. Donde había cuñas de eucaliptos introduciéndose en la fraga el fuego fue alto y fuerte; y esas cuñas hicieron de saetas de fuego para llegar al centro mismo del bosque húmedo. Desde allí y debido a que la fraga es muchísimo más resistente al fuego, éste se extendió como un fuego rápido y bajo, que se contentó con arrasar la vegetación de suelo y quemar algunos árboles aislados. Desde el aire, o desde la distancia, no se aprecia el daño porque los árboles aguantaron y su cubierta verde sigue ocupando la vista, pero cuando uno se acerca ve el verdadero daño causado.

Y lo muestro con dos ejemplos. Esta es una foto de la ladera sur en una zona en la que no llegó el fuego:

Esto son las fragas en Abril, las reales: los helechos, los musgos y otras plantas ocupan prácticamente cada centímetro cuadrado de superficie disponible. El verde es intenso, y omnipresente.

Es una ladera muy empinada. La tierra fértil, con todo el humus, necesita de esa cubierta vegetal para no ser erosionada. Donde llegó el fuego toda esa cubierta verde fue arrasada, la tierra quedó cubierta de ceniza y a merced de los elementos, el agua y el viento arrastraron esa tierra y dejaron la tierra más pobre que hay debajo, sin el precioso humus.

El resultado se puede ver en esta otra foto, hecha apenas a unos 500 metros de la anterior y en la misma ladera:

En el suelo se ven algunas plantas que han conseguido salir, pero no se ven ni helechos ni musgo, en el corte que nos proporciona la imagen se ve que apenas hay cambio de color entre las capas más bajas de la tierra y la capa superficial (normalmente esa capa es mucho más negra, por el humus), el suelo no tiene cubierta, solo hojas secas que permanecen ahí desde el otoño. Las piedras han salido a la luz al haber desaparecido la tierra que las cubría. Los árboles han aguantado y desde lejos sus hojas se aprecian verdes, pero a ras de suelo como podemos ver la cosa es muy diferente. Ni se ha recuperado ni sé si alguna vez se recuperará. Las especies endémicas surgirán o no, no lo sé, pero por ahora no lo han hecho. El musgo, al que le lleva muchos años crecer y que es clave en el ecosistema por mantener la humedad del microclima ha sido quemado.

¿Eso es la recuperación casi total de los daños del parque? Al menos desde mi punto de vista de amante de las Fragas, no, ni de puñetera coña. Quien diga que se ha recuperado es que no conocía el corazón de las fragas porque bajo ningún concepto están recuperadas. Y, como digo, no tengo claro que puedan recuperarse. Volverá a haber verde,  pero dudo mucho que vuelva a ser lo que fue.

Espero que el lugar más mágico que he conocido en mi vida no perviva solo como un lejano recuerdo de lo que fue. Espero que los hados me concedan ese sueño.

La foto que nunca puede ser

El pasado invierno, mis queridas Fragas del Eume se vieron sacudidas por inundaciones. Tuvieron que abrir la presa y el caudal del río aumentó de tal manera que su nivel subió varios metros. Además de eso, los habitualmente pacíficos arroyos que descienden por las laderas descendieron esta vez con virulencia, derribando incluso una pared de un viejo molino ya semiderruido, y crearon profundos boquetes en la carretera que va a bordeando el río.

Yo fui al día siguiente, a ver como estaba la cosa, y pude pasar con el coche a duras penas. A la vuelta, ya de noche, tomé esta foto de unos de esos arroyos.

Freno

Parece como si un sol intensamente rojo justo a punto de ponerse estuviese iluminando la escena, pero no, esa foto nunca se puede hacer porque el sol se pone sobre las montañas mucho antes de coger esa coloración tan intensa.

La explicación del color es mucho más mundana me temo: paré el coche y puse los intermitentes para avisar a otros posibles conductores de que tenía el coche parado. Y ellos fueron los responsables de esa tonalidad. Lo cierto es que ni me di cuenta, el coche estaba a una cierta distancia y no pensé que hiciese ese efecto, pero incluso unas luces no muy intensas y a una cierta distancia terminan dejando su sello en una toma de larga duración.

Fue sin querer, pero me gustó el efecto. La próxima vez que busque un sol muy muy bajo y muy muy rojo que ese día no quiera presentarse, le pediré ayuda a mi coche 😀

Me ha vuelto a suceder

Debía ser el año 93, más o menos, cuando aquel libro cayó en mis manos. Lo compré como parte de una colección de libros de películas y la verdad es que de esa película ni había oído hablar, y mucho menos del libro. Lo agarré una noche para leer un poco antes de dormir como hacía siempre (costumbre que estoy retomando), y a pesar de que al día siguiente tenía clase, no pude parar de leerlo hasta terminarlo, cuando ya se percibía el amanecer a través de mi ventana.

Dejé ese libro a un amigo. No me lo devolvió.

Lo compré de nuevo y volví a prestarlo. Tampoco volvió.

Este lunes lo compré de nuevo, por eBay y me llegó ayer. Esperé a la noche para leer un cachito… y me ha vuelto a suceder que no pude dejar de leerlo hasta terminarlo. Simplemente no podía. Incluso apagué un par de veces la luz pero daba igual o lo leía o pensaba en él.

Una de mis formas favoritas de soñar despierto es con los libros. Con los libros uno se convierte en héroe y villano, en niño y en anciano, en hombre y mujer, en valiente y cobarde, en guapo y en feo. Somos nosotros, transformados en algo que bocetó un escritor y que nosotros terminamos de pintar. Cada libro es una vida, o varias, puesta a nuestra disposición para imaginar y soñar.

Este libro contiene muchas  historias, con muchos personajes, a los que vamos siguiendo en su vida durante más de 60 años. Y una de esas historias es una de las más bellas historias de amor que he leído. En este libro he sido una de las más encantadoras mujeres que he conseguido ser, una mujer que amaba a otra mujer:

WHISTLE STOP (ALABAMA)
18 DE JULIO DE 1924

Ruth llevaba en Whistle Stop unos dos meses y, aquel sábado por la mañana, alguien llamó con los nudillos a la ventana de su dormitorio a las seis de la madrugada. Ruth abrió los ojos y vio a Idgie sentada en el cinamomo, indicándole con elocuentes ademanes que abriese la ventana.

Ruth se levantó medio dormida.

—¿Qué haces levantada tan temprano?

—Prometiste que hoy iríamos de excursión.

—Ya lo sé, pero no tan temprano, ¿no te parece? Es sábado.

—Por favor. Prometiste que iríamos. Si no sales en seguida subiré al tejado y me mataré. ¿Qué harías entonces?

Ruth se echó a reír.

—Pero, ¿qué hay de Patsy Ruth, Mildred y Essie Rue? ¿Es que ellas no vienen?

—No.

—¿No te parece que deberíamos preguntarles?

—No. Por favor, quiero que vengas sólo conmigo. Por favor. Quiero enseñarte algo.

—Mira, Idgie, no quiero hacerles ese feo.

—No vas a hacerles ningún feo. No les apetece ir. Ya se lo he preguntado, y quieren quedarse en casa por si le da por pasar a alguno de sus estúpidos novietes.

—¿Estás segura?

—Claro que estoy segura —mintió Idgie.

—¿Y Ninny y Julián?

—Dicen que tienen cosas que hacer hoy. Anda, Ruth, que Sipsey ya nos ha preparado el almuerzo para las dos, para que nos lo llevemos. Si no vienes, saltaré del tejado y tendrás mi muerte en tu conciencia. Estaré muerta en la tumba y entonces desearás haber accedido a una simple excursión.

—Bueno, de acuerdo. Deja que me vista, por lo menos.

—¡Pero date prisa! No hace falta que te vistas del todo; sal tal cual estás… que te espero en el coche.

—¿Es que vamos a ir en el coche?

—Claro. ¿Por qué no?

—Bueno, pues.

Lo que Idgie no dijo es que había entrado a hurtadillas en el dormitorio de Julián a las cinco de la madrugada y le había cogido las llaves del coche del bolsillo del pantalón; así que era de la mayor importancia salir antes de que se despertase. Una vez en el coche fueron hacia un paraje que Idgie había descubierto hacía años, por la zona del lago Double Springs, donde había una cascada que caía sobre un cristalino arroyo lleno de preciosos
cantos rodados grises y marrones, suaves y redondeados como huevos. Idgie extendió la manta en el suelo y fue por la cesta, que estaba en el coche. Le estaba echando misterio.

—Ruth —dijo al fin—, si te enseño una cosa, ¿me juras que nunca se lo dirás a nadie?

—¿Si me enseñas qué? ¿Qué es?

—¿Juras que no se lo dirás a nadie?

—Lo juro. ¿Qué es?

—Ahora te lo enseño.

Idgie alcanzó la cesta y sacó de ella una jarra vacía de cristal. Luego dijo «vamos», y fueron caminando casi dos kilómetros internándose en el bosque.

—¡Ahí está! —dijo señalando a un árbol.

—¿Que ahí está qué?

—Ese roble grande de allí.

—Ah.

Idgie tomó a Ruth de la mano y la condujo hacia la izquierda, a unos treinta metros, bajo un árbol.

—Ahora, Ruth —le dijo—, quédate aquí quieta y, pase lo que pase, no te muevas.

—¿Pero qué es lo que vas a hacer?

—Ya lo verás. Tú sólo mírame, ¿de acuerdo? Y no te muevas. Y no hagas el menor ruido.

Idgie, que iba descalza, empezó a caminar hacia el roble y, al llegar a mitad de camino, se volvió a ver si Ruth la miraba.

Cuando estuvo a unos tres metros del árbol, volvió a asegurarse de que Ruth seguía mirándola. Y entonces hizo algo asombroso. Avanzó lentamente de puntillas, tarareando muy quedamente, y metió la mano con la jarra en un agujero que había justo en el centro del tronco. De pronto, Ruth oyó un sonido como de sierra mecánica, y el cielo ennegreció con una nube de
furiosas abejas que salieron en estampida del agujero. En pocos segundos, Idgie quedó cubierta de pies a cabeza por miles de abejas. Idgie se quedó quieta y, al cabo de un minuto, fue sacando la mano con cuidado del árbol y volvió lentamente sobre sus pasos hacia Ruth, sin dejar de tararear.
Al llegar junto a ella casi todas las abejas habían volado, y lo que hacía un instante no era más que una negra figura, fue de nuevo Idgie, allí de pie y con una sonrisa de oreja a oreja, con una jarra de miel silvestre en la mano.

—Aquí la tienes —dijo, ofreciéndosela a Ruth—. Para usted, madame.

Ruth, que se había llevado un susto de muerte, dejó resbalar la espalda por el tronco del árbol y se sentó en el suelo echándose a llorar.

—¡Te he visto muerta! ¿Por qué has hecho eso? ¡Te han podido matar!

—Anda, no llores —dijo Idgie—. Lo siento. Toma; ¿no quieres la miel? La he cogido sólo para ti… Por favor, no llores. No pasa nada. Lo he hecho muchas veces. Nunca me pican. De verdad. Anda, deja que te ayude a levantarte, que estás poniéndote perdida.

Idgie dio a Ruth el viejo pañuelo de hierbas que llevaba en el bolsillo del mono. Ruth todavía temblaba, pero se levantó, se sonó la nariz y se sacudió el vestido.

—Piensa, Ruth —dijo Idgie tratando de tranquilizarla—, que nunca he hecho esto por nadie. Y ahora tú eres la única persona en el mundo que sabe que puedo hacerlo. Sólo quería que compartiésemos un secreto; eso es todo.

Ruth guardó silencio.

—Lo siento, Ruth; no te enfades conmigo.

—¿Enfadarme? —dijo Ruth rodeando a Idgie con sus brazos—. Oh, Idgie. No estoy enfadada contigo. Sólo que no sé lo que haría si alguna vez te sucediese algo. De verdad.

A Idgie empezó a latirle el corazón tan fuerte que casi se cae redonda.

Después de que se hubieron comido el pollo, la ensalada de patatas, las galletas y casi toda la miel, Ruth se recostó en el árbol e Idgie reclinó la cabeza en su regazo.

—¿Sabes, Ruth?, mataría por ti. Si alguien te hiciese daño alguna vez lo mataría sin pensarlo un instante.

—No, Idgie, no digas esas cosas.

—¿Por qué no? Antes mataría por amor que por odio. ¿Tú no?

—Lo que creo es que nada justifica matar.

—Bueno. Pues, entonces, moriría por ti. ¿Qué pasa? ¿No crees que se pueda morir por amor?

—No.

—Pues la Biblia dice que Jesucristo lo hizo.

—Es distinto.

—No es distinto. Podría morir ahora mismo y no me importaría. Sería el único cadáver sonriente.

—No seas loca.

—Hoy podría haber muerto. ¿O no?

Ruth la tomó de la mano y le sonrió.

—Mi Idgie es una encantadora de abejas —le dijo.

—¿Aaaah, sí?

—Aja. Eso es lo que eres. Ya había oído que hay personas que son capaces de hacer eso, pero nunca lo había visto.

—¿Y te parece mal?

—¡Qué va! Es maravilloso. ¿O es que a ti no te lo parece?

—Psse… Más bien pensaba que era una locura.

—Es maravilloso ser una encantadora de abejas.

Ruth se inclinó hacia Idgie y le susurró al oído.

—Eres una estupenda encantadora de abejas, Idgie Threadgoode; eso es lo que eres…

Idgie le sonrió y miró hacia el cielo azul que se reflejaba en sus ojos, sintiéndose tan feliz como pueda sentirse en verano todo enamorado.

Esta es Curiosidad

Mirándonos, sin miedo alguno, desde uno de sus lugares predilectos para descansar, con el rugir de las aguas justo tras ella. Se trataba del río Sesín, si es que en ese momento seguíamos en nuestro mundo, cosa que ignoro. Cuando uno ve un hada nunca está seguro de si ella se ha colado en este mundo o es que te ha permitido mirar el suyo por un breve instante.

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Río Sesín a su paso por las Fragas del Eume

Las Fragas del Eume representan mi lugar favorito en este universo, al menos de la pequeñísima parte de él que tengo la suerte de conocer. Es un lugar donde el tiempo se ha detenido desde hace unos milenios, permitiéndonos ver como era nuestro increíble bosque atlántico cuando esto era mucho más cálido y selvático. Lo profundo del cañón del Eume y la densa vegetación han permitido que se haya creado un pequeño microclima que permite mantener su maravillosa vegetación verde todo el año. En Invierno un poco más apagada, a finales de Primavera en todo su explendor, pero siempre verde y siempre húmeda. Esta es una estampa del Río Sesín, un pequeño afluente del Eume, Entre los dos rodean la colina en la que está enclavado el Monasterio de Caaveiro. El corazón palpitante de nuestro maravilloso parque natural.

Yo me daría prisa en visitarlo. El fuego arrasó buena parte de ese corazón el año pasado, un daño absolutamente irreparable como bien sabemos los que amamos ese parque (digan lo que digan nuestras nefastas autoridades), y con la llegada de la nueva Xunta empiezan a verse signos de especulación, de querer sacar partido al parque por vías nefastas: Una mina va a ser abierta muy cerca de sus lindes, se está permitiendo a los cazadores cazar en el parque (hasta ahora nunca lo había visto) y se oyen rumores de “explotación forestal”. Eso, podéis creerme, no es nada bueno. Los eucaliptos llevan muchos años invadiendo el parque por su propia cuenta y se han comido ya buena parte del bosque primitivo, no necesitan que nadie les ayude; más bien lo contrario…

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