La foto que nunca puede ser

El pasado invierno, mis queridas Fragas del Eume se vieron sacudidas por inundaciones. Tuvieron que abrir la presa y el caudal del río aumentó de tal manera que su nivel subió varios metros. Además de eso, los habitualmente pacíficos arroyos que descienden por las laderas descendieron esta vez con virulencia, derribando incluso una pared de un viejo molino ya semiderruido, y crearon profundos boquetes en la carretera que va a bordeando el río.

Yo fui al día siguiente, a ver como estaba la cosa, y pude pasar con el coche a duras penas. A la vuelta, ya de noche, tomé esta foto de unos de esos arroyos.

Freno

Parece como si un sol intensamente rojo justo a punto de ponerse estuviese iluminando la escena, pero no, esa foto nunca se puede hacer porque el sol se pone sobre las montañas mucho antes de coger esa coloración tan intensa.

La explicación del color es mucho más mundana me temo: paré el coche y puse los intermitentes para avisar a otros posibles conductores de que tenía el coche parado. Y ellos fueron los responsables de esa tonalidad. Lo cierto es que ni me di cuenta, el coche estaba a una cierta distancia y no pensé que hiciese ese efecto, pero incluso unas luces no muy intensas y a una cierta distancia terminan dejando su sello en una toma de larga duración.

Fue sin querer, pero me gustó el efecto. La próxima vez que busque un sol muy muy bajo y muy muy rojo que ese día no quiera presentarse, le pediré ayuda a mi coche 😀

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